Saltando en paracaídas

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Categoría: Viajes 0 comentarios

Hace unos años, cuando renové él diseño de la web por última vez, añadí en el apartado de currículo algunas cosas que me gustaría hacer. Entre ellas estaba saltar en paracaídas, pensando que difícilmente se darían las condiciones necesarias para ello. Pero como la vida da muchas vueltas, el sábado 27 de agosto (un día antes de mi cumpleaños) fui a Sevilla a saltar en paracaídas.

En realidad viajé con otros 10 amigos de despedida de soltero y entre las actividades que programamos nos acercamos hasta Skydive a las afueras de la capital hispalense. Tirando de GPS y un mapa poco actualizado que tenían en su web, llegamos caleyeando a un pequeño aeródromo. Cuando estábamos ya muy cerca, vimos aparecer los primeros paracaídas que se abrían en el cielo con otros “valientes” saltadores.

El curso teórico antes del salto en paracaídas

Curso teórico antes del salto en paracaídasTras firmar muchos papeles de conformidad con la empresa y el salto, un agradable polaco, Robert, nos guió dentro del hangar en el que había muchos monitores preparando los paracaídas. Allí nos sentamos y comenzó con la explicación teórica sobre los paracaídas, los seguros que eran para tranquilizarnos, y unas consignas importantes sobre cuándo cruzar los brazos y levantar las piernas en el avión, como abrirlos durante la caída y como volver a levantar las piernas a la hora de aterrizar.

Subiendo a 4.600 metros (15.000 pies)

Avioneta del salto en paracaídasUna vez ya preparados con el arnés de sujeción, el traje, gorro y gafas nos dirigimos a la avioneta que nos subiría hasta más de 4 km de altitud para el salto. Yo me coloqué junto al piloto con Robert detrás, que fue mi monitor de salto. Una vez sentados en el banco, enganchamos los arneses y despegamos. Durante el ascenso, Robert me fue recordando las indicaciones para saltar a la vez que íbamos viendo al fondo la ciudad de Sevilla, donde destacaban algunos edificios altos y el puente de Calatrava.

El salto

Subiendo a 4.600 metros (15.000 pies) para saltar en paracaídasMucho más rápido de lo que creía llegamos a la altitud de salto. Uno de los monitores que llevaba cámara en el casco abrió la puerta y el ruido y viento que entró en la avioneta nos hizo sentir que, ahora sí, ya no había vuelta atrás. Las 5 parejas de delante fueron saltando uno a uno mientras Robert y yo nos íbamos deslizando por el banco acercándonos poco a poco a la puerta. Ese fue el momento de mayor tensión, cuando nos levantamos, nos agarramos a los bordes, crucé los brazos y levanté las piernas hacia atrás. En ese momento estaba suspendido en el aire, todavía dentro de la avioneta colgado literalmente de Robert. 1, 2 y al tercer movimiento saltamos al vacío.

La caída libre

Creo que nunca olvidaré ese primer segundo de caída en el que miré hacia abajo y no había nada más que el suelo muy lejos y el viento me golpeaba la cara. En ese momento me acordé de lo que nos dijeron que era muy importante: respirar. Sorprende darse cuenta que aunque estés cayendo a 150-180 km/h se puede respirar sin ningún problema. Robert me dio una palmada y era el momento de relajarse, abrir los brazos y disfrutar de la caída libre. Preciosa estampa que se veía, con un cielo azul impoluto y unas vistas muy bonitas de Sevilla a lo lejos. Giramos un poco y dimos un par de vueltas y llegó el momento, tras algo más de un minuto de caída libre espectacular, de volver a cruzar los brazos para tirar del paracaídas.

La caída con el paracaídas abierto

La verdad es que el golpe del frenazo no fue tan grande como esperaba. Aquí llegó uno de los momentos que más me sorprendió y es que me quedé suspendido en el aire en completo silencio. Fue sin duda un gran contraste ya que unos segundos antes estaba cayendo muy rápido con un gran ruido debido a la fricción con el aire. Ahora todo iba muy despacio y en una completa calma. Parecía un sueño en el que estaba volando libremente. De hecho en ese momento ya pude hablar perfectamente con Robert, que me cedió los mandos del paracaídas y me iba dirigiendo para hacer un par de tirabuzones. Es muy divertido la sensación de inclinarte para los lados tan bruscamente quedando en paralelo con el suelo y ganando mucha velocidad en pocos segundos girando sin parar.

El aterrizaje

El aterrizaje tras el salto en paracaídasCuando nos acercábamos al suelo, llegó el momento de dejar a Robert dirigir el paracaídas y yo cogerme las piernas en alto pasando los brazos por debajo. El salto estaba llegando a su fin y mis amigos ya estaban en tierra. Nos acercábamos al suelo cada vez más y aguantando las piernas arriba llegó el momento de tocar tierra: suavemente apoyamos el culo, que hizo de freno y cuando nos quedamos ya quietos el paracaídas cayó delante nuestro. Fue el momento de relajarse completamente y dar al botón de “Guardar” en el disco duro.

La experiencia de saltar en paracaídas

Qué descarga de adrenalina, qué sensaciones, qué gran experiencia. La conclusión clara es que quiero repetirlo. Quiero volver a sentir esos nervios justo un segundo antes de saltar. Quiero volver a “volar” lentamente. Quiero jugar de nuevo con el paracaídas. Y, sobre todo, quiero hacer algún looping, tirabuzón, caída en picado y demás acciones que se puedan realizar cuando estás en caída libre.

Sin duda es una actividad que os recomiendo a todos que la viváis porque es algo que no se olvida fácilmente.

 

Escrito por Eguino - 4 octubre 2011 0 comentarios
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